Cultura

El poema de una docente sobre la crisis educativa que se volvió viral en redes

Los versos de Paola Li Volti sobre profesores que abandonan las aulas pusieron en primer plano una realidad cada vez más frecuente: agotamiento emocional, salarios que no alcanzan para vivir, violencia dentro y fuera de las escuelas y una vocación que, para muchos, ya no basta para sostenerse en el sistema educativo.

“Hoy otra amiga dejó la docencia. / Van cuatro / y recién es abril”. Con esos versos, la profesora de teatro, actriz y poeta marplatense Paola Li Volti condensó un malestar que atraviesa a miles de trabajadores de la educación. El poema, publicado en su cuenta de Instagram @pavolalv como un descargo personal, se viralizó rápidamente entre docentes de todo el país y la región, que encontraron en su texto las palabras justas para nombrar el agotamiento, la precarización laboral y el desgaste emocional dentro de las aulas.

“Lo escribí desde una tristeza profunda, porque una compañera me decía que no iba a poder sostener más la profesión. Y me rompió”, cuenta Li Volti a LA CAPITAL.

“Suelo escribir sobre aquello que me interpela y veníamos de las amenazas de tiroteo, de docentes que denuncian no cobrar, de sueldos miserables en todos los niveles educativos –explica–. En medio de ese agotamiento mental y físico, lo hablé con mis amigos docentes y me pregunté si estamos todos en la misma”. Al día siguiente, lo escribió y terminó con más de 94.000 likes en Instagram y cientos de mensajes sobre la situación educativa.

En el poema aparecen escenas cotidianas de la vida docente: profesores que multiplican trabajos para llegar a fin de mes, alumnos que buscan contención emocional en la escuela y situaciones de violencia que se vuelven moneda corriente.



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“La sociedad está colapsada”

Li Volti señala que una de sus mayores preocupaciones es el nivel de desgaste que atraviesan quienes trabajan en educación. “Hoy estamos teniendo que cubrir aristas que antes se cubrían en otros espacios”, afirma y ejemplifica con su propia experiencia laboral. “Yo ejerzo la docencia desde los 15 años en el ámbito de educación no formal y desde los 23 en educación formal. Hoy tengo 32. Más de la mitad de mi vida en educación. A mis 30 años necesité tomar una preceptoría, que antes se pensaba para quienes estaban a punto de jubilarse, porque no daba más. 415 alumnos, cuatro escuelas, era insostenible. Y es la realidad de la mayoría”.

“La sociedad está colapsada: los pibes, las familias, el sistema, los docentes, todo tipo de trabajador. Y, sin embargo, tenemos un trabajo que te exige estar lo más lúcido posible”, sostiene.

Para la docente, muchas veces existe un profundo desconocimiento sobre lo que implica enseñar hoy. “La gente cree que el docente trabaja cuatro horas por día y tiene tres meses de vacaciones. Hay gente que no comprende que por cada hora cátedra hay un montón de tiempo más no pago. Que el primer día hábil de febrero ya estamos en disponibilidad, que los fines de semana los usamos para corregir”, agrega.

Y cuestiona otro de los discursos habituales sobre la profesión: “Cuando, en el mejor de los casos, aceptan que el sueldo no es lo mejor, recurren al discurso ‘pero si ya sabían que no iban a ganar bien, ¿para qué estudiaron docencia? Tengan vocación’. Y en nombre de la vocación se han permitido cuestiones impensadas para otras profesiones”.

La docente también advierte sobre las transformaciones sociales y culturales que atraviesan a las nuevas generaciones. “No hay dimensión de las nuevas infancias y adolescencias que nos han traído la pospandemia y la evolución de la tecnología, además de la violencia social que se está viviendo”, señala.

Por eso, para la profesora, “es necesario hablarlo para que la gente entienda, porque la información es poder y de esa manera podemos luchar por una mejor educación. Sin conciencia de todo lo que vale nuestro trabajo, eso va a ser imposible”.

“La vocación peligra”

Una idea que atraviesa tanto el poema como los comentarios de los docentes que reaccionaron al posteo se vincula con la tensión entre la vocación y la supervivencia económica.

“Si no te alcanza para comer, para pagar las cuentas, la vocación empieza a diluirse y el trabajo no es más que trabajo”, dice Li Volti. Hoy hay cada vez más “docentes con emprendimientos, manejando autos de aplicación o dando clases particulares”.

“Fin de abril / y yo le compro una docena de chipá / a mi amigo docente emprendedor / que en mayo probablemente / deje la docencia”, dice el poema.

Li Volti reconoce que el desgaste sostenido afecta también el deseo de seguir enseñando. “Se puede sostener el trabajo, pero la vocación peligra”. Y añade: “Si todo es una traba, si da miedo meterte en un aula, si las familias están violentas, no sé qué tan grande termina siendo el deseo”.

“Nadie se salva solo”

La viralización del poema también le hizo notar que se trata de un malestar compartido. “Creo que se compartió tanto porque mucha gente sintió que no estaba sola”, reflexiona. “Hay una sensación en el aire de que sos vos el que ‘no se la bancó’. Y no, no sos vos, es el sistema”.

Li Volti cuenta que recibió mensajes de docentes y estudiantes de profesorado preguntándole si debían cambiar de profesión o abandonar los estudios: “Me sorprende que busquen mi opinión, pero los debates que se abrieron son súper ricos y necesarios”.

También recibió insultos y agresiones virtuales: “Eso habla de la violencia y de lo rota que está la sociedad. Si así tratan los adultos a alguien que no conocen en la virtualidad, ¿por qué serían diferentes las infancias y adolescencias en las escuelas?”.

Aun así, la docente considera que la forma de sostenerse en la docencia es desde mirada colectiva sobre el problema: “Más allá de la decisión que cada uno tome, recordarnos que no tiene que ver con el fracaso. Tiene que ver con el contexto. Ya lo dijeron unos cuantos: nadie se salva solo”.

El poema pone en evidencia un problema cada vez más frecuente y sobre el que urge detenerse: los sueños que mueren mientras crecen docentes que abandonan las aulas.


El poema completo de Paola Li Volti

Hoy otra amiga dejó la docencia.

Van cuatro

y recién es abril.

El noticiero no sabe cómo encararlo.

No saben si el problema son los chicos

o los padres

o los profes

pero nunca la política

ni la salud mental

ni el corazón

que nos duele a todos por igual.

El hambre no les duele a todos

de la misma manera

algunos fingen

la experiencia panza vacía

para jugar a eso de la empatía

y alcanzar una urna

un poco más.

Pronto empieza mayo

dos feriados.

Desde cuándo

me la paso contando feriados

me pregunto otra vez.

Cuándo me convertí

en la profe que tiene charlas profundas

cada dos clases

para que entiendan

el esfuerzo

que nos resulta ejercer.

Quizá sea

que me estoy haciendo adicta

a los comentarios de instagram.

Ayer vi un reportaje.

Un profe de sociología de la universidad

contaba

con todos los nudos posibles

en una misma garganta

que su sueldo está

por debajo

de la línea

de la pobreza.

Y me dediqué a leer a los Rubenes

los Jorges

las Martas

que dicen que el tipo este

que trabaja 20 horas cátedra

es un vago

y a mí no me dan los dedos

para intentar explicar

que por cada hora cátedra

hay otra hora de planificación,

evaluación,

etcétera

y que el sistema no te deja tomar más

y que entonces el profe en realidad

trabaja cuarenta

pero cobra

como si trabajara diez.

Y al final alguien me responde

para qué estudian carreras que no dan plata

y que no sirven para nada.

Y entonces llego a la escuela:

profe me peleé con mi mamá,

profe podemos hablar,

me dijo mi amiga que vos la ayudaste,

profe te acordás de lo que te conté,

profe tengo que decirte algo importante.

Profe me hicieron, me dijeron, me dejaron,

me parece,

profe yo tampoco puedo,

no logro dormir,

le tengo miedo al futuro y al presente,

qué hago

dame un consejo

profe

porfa

profe.

          ¿Me escuchás?

Cómo les explico que mi amiga

que es terrible capa

no puede dedicarles más el abrazo

la contención

la mirada

porque si sigue con eso

no puede comer.

Y que tiene miedo.

Y tristeza

y hartazgo

y el autoestima por el suelo

de tanto laburo mal pago

y tanta exigencia sin reconocer.

Cómo le explico a una sociedad tan rota

que un pibe siente la necesidad de caer

con un arma a la escuela

porque todo falló

todos fallamos.

Y que la bajada es pedirle por favor

que no apriete el gatillo

mientras apunta a todo lo que siempre lo apuntó a él.

PEDIRLE QUE SAQUE EL DEDO DEL GATILLO

dice el documento oficial

de la subsecretaría de educación.

A un pibe que sufrió tanta violencia del sistema.

A un docente pisoteado

por todos los sistemas.

A un sistema violentado

por el mismo sistema

porque quién mierda es el sistema.

Fin de abril

y yo le compro una docena de chipá

a mi amigo docente emprendedor

que en mayo probablemente

deje la docencia.

Mientras las Martas y los Jorges

dicen que se joda

y nosotros lloramos

todos los sueños

que vemos morir

otro

mes

más.

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